LXXVI

Si al recordar que hizo el bien algún placer

halla el hombre, sabiendo que ha sido honrado

y no faltó a su palabra ni en trato alguno

 invocó en falso a los dioses por engañar a los hombres

muchas alegrías te aguardan, en larga vida, Catulo,

por este amor desgraciado, reservadas para ti.

Pues todo aquello de bueno que hacerse pueda

o decirse, todo, Catulo, lo has dicho y también lo has hecho tú.

Y todo eso se ha perdido, fiado a un corazón ingrato.

Por eso, ¿qué razón hay para que sigas sufriendo?

¿Por qué no reúnes coraje y te retiras de ahí,

 y dejas ya de sufrir contra el deseo de los dioses?

Es dífícil olvidar un amor que ha sido largo.

Es difícil, pero eso, como sea, tienes que hacerlo.

No tienes otra salida, eso tienes que lograrlo.

Eso lo tienes que hacer, si puedes como si no.

¡Ay, dioses! si sabéis compadeceros, o si alguna vez a otros

al borde ya de la muerte disteis vuestra última ayuda,

miradme a mí, desdichado, y si viví honestamente

arrancadme de raíz esta peste que me arrasa

metiéndoseme en el cuerpo cual letargo

y me ha sacado del pecho toda alegría.

No pretendo ya que ella con su amor me corresponda,

o, lo que no puede ser, que se avenga a ser decente.

Pido tener fuerzas yo y salir de esta negrura.

¡Ay, dioses! dadme esto a mí, en pago a una vida honrada.

                      Catulli Carmina,  LXXVI

 
 
 
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et dis invitis desinis esse miser?

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Antología latina

 

 

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