[95] César, con los Pompeyanos empujados dentro de la empalizada a consecuencia de la huida, considerando que no debía darse respiro alguno a gente aterrorizada, animó a sus soldados a que aprovechasen el favor de la fortuna y atacasen el campamento. Ellos, aunque fatigados por el fuerte calor (pues la lucha se había prolongado hasta el mediodía), con ánimo dispuesto a cualquier esfuerzo obedecieron la orden. El campamento era defendido con ahínco por las cohortes que allí se habían dejado de guarnición, y más duramente aún por los tracios y los auxiliares extranjeros. Pues los que habían huido de la línea de batalla, con el ánimo aterrorizado y  agotados por el cansancio, dejando la mayoría las armas y las insignias militares, pensaban más en seguir huyendo que en defender el campamento. Y tampoco pudieron los que habían resistido en la empalizada aguantar la lluvia de proyectiles, sino que agotados por las heridas abandonaron su posición y en desbandada siguieron a los centuriones y a los tribunos militares y buscaron refugio en unos montes muy altos vecinos al campamento.

 Cayo Julio César  Guerra Civil III, 90

Texto latino

Traduccion literal

        

Inicio 

Antología De Bello Civili