A Catón le incitan sus viejas enemistades contra César y el dolor de haber sido rechazado para el cargo. Léntulo se mueve por lo abultado de sus deudas y la esperanza  de mandar un ejército y gobernar provincias y por las dádivas que recibe de los que habían de ser llamados reyes, y se ufana entre lo suyos de ir a ser un nuevo Sila a quien retornará todo el poder. A Escipión lo empuja la misma ilusión de gobernar una provincia y mandar  ejércitos, que espera compartir con pompeyo en virtud de su parentesco, a la vez que el miedo a los procesos jucidiales, unido a su propia ostentación y a la adulación de los poderosos, que tanta influencia tenían entonces en la república y en los tribunales. El mismo Pompeyo, incitado por los enemigos de César y por el hecho de que no deseaba que nadie se le igualase en dignidades, se había apartado por complerto de su amistad y se había congraciado con los antiguos enemigos de ambos, gran parte de los cuales se los había granjeado a César el propio Pompeyo en la ya lejana época  de su parentesco; al mismo tiempo, movido por la mala reputación que le acarreaban las dos legiones que  había desviado de su destino a Siria y Asia para su propio poderío y afán de dominación, procuraba que la situación desembocase  en las armas.  

Cayo Julio César  Guerra Civil I, 4, 2 - I, 4, 5

 

 

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